sábado, 4 de abril de 2009

Vientos Cortantes

Hace mucho tiempo existía una ciudad sin niños. Todos los habitantes eran adultos o viejos, pero no existía ningún chico en las casas o en las calles, o incluso en los alrededores.
La ciudad de Vientos Cortantes era oscura y silenciosa y todo lo que se podía escuchar era un viento fuerte que soplaba todos los días, haciendo un ruido infernal.
Era el otoño de 1997 y la huellas quedaban de los árboles, rojas y secas. Secas como las caras de las personas que no mostraban ningún sentimiento en sus ojos o en sus gestos.
Yo llegué a Vientos Cortantes por casualidad. Estaba camino a otro sitio, para visitar a unos amigos, cuando tuve problemas con mi coche. Era un coche nuevo pero, sin ninguna razón aparente, él paró de funcionar exactamente en la entrada de la ciudad.
!Procuré un hotel, pero allí no había hoteles, solamente hospedajes muy pequeños y, como puedo decir…sinistras! Eran tan oscuros como las calles de la ciudad y las personas hablaban solamente lo necesario.
Mi móvil no tenía ninguna señal y los teléfonos de la ciudad no funcionaban muy bien. Tuve que pedir ayuda a la operadora de teléfonos, pero ella me dijo que no había cómo hacer nada en aquel día. Las últimas lluvias de verano habían hecho estragos en la red de telefonía y solo de vez en cuando uno conseguía llamar a alguien por teléfono. ¿Computadoras? ¡Ni pensarlo! Parecía que yo estaba en una ciudad del siglo diecinueve.
Como era hora del almuerzo, salí del hospedaje para comer algo. Fue cuando encontré a aquella vieja señora. ¡Al principio, parecía inofensiva, pero cuando empezó a hablar conmigo, su voz me puso mis pelos en punta! Era una voz ácida, sin emoción. Y sus ojos no tenían fondo, como si no estuviesen viendo nada ni a nadie. Le pregunté dónde había un restaurante, pero en vez de responderme, dijo:
¡“No existe casualidad. Estás aquí porque tienes una misión”!
Como estaba muy asustada, intenté hacer una broma:
¿“Pero puedo almorzar antes de cumplir esa misión”?
Con un gesto áspero y nervioso ella continuó:
¡“No hagas bromas con el destino”!
Y, de súbito, antes que yo pudiera contestar a sus palabras, ella sacó de su cartera sucia una pequeña bolsa que contenía un tipo de poción y la puso en mis manos.
“Cuando llegue la hora, dale solamente a la persona que no va a darte una sonrisa. Ahora, tienes que irte a Tierra de Fuego y encontrar a la mujer que fuiste tú, pero que no eres tú”.
Y entonces, cerró mis manos alrededor de la bolsita y se alejó deprisa de mi.
¡Que loca! La mujer que yo fui, que yo era… ¡Que tontería!
Casi tiré la poción a un basurero, pero cuando miré las caras de las personas en la calle yo encontré sorpresa y terror en ellas.
Volví deprisa al hospedaje, sin saber qué hacer, pero estaba dispuesta a salir de aquella ciudad aun que fuera a pie. Fue cuando un hombre guapo, aún joven, se acercó a mi y me dijo todo de una vez:
“Usted habló con La Bruja, aquella que puede ordenar a los vientos que calen o que hagan ruidos. Hace años, una maldición cayó sobre la ciudad, porque los padres de un chico muy guapo se recusaran a dejar que él se casara con una chica hija de brujos, la brujita Almenara.
Su madre, muy rabiosa, dijo que las personas de la ciudad jamás se harían viejas, para que pudieran acordarse de lo que habían hecho, pero jamás podrían tener hijos y la ciudad se quedaría vieja y triste para siempre. Solamente una mujer muy especial podría quebrar la maldición: una descendiente de brujos que iría a llegar para cumplir una misión y libertar la ciudad de la maldición”.
Yo quería preguntarle algo más, pero estaba tan encantada con aquel hombre tan hermoso que no conseguía hablar una sola palabra. Para mí, era el único en aquella ciudad cuya cara tenía vida. Parecía haber un sol en sus ojos y su boca era como una fruta rubia.
Entonces, volví a la realidad y me acordé de lo que me había dicho La Bruja. Yo tenía que viajar a Tierra de Fuego y hablar con…!que terrible!
Inclusive si aquel hombre fuera muy guapo, yo tenía que partir sin demora.
¡Era una ciudad de locos!
Saqué mi cartera y mi maleta y pagué el hospedaje al hombre gordito de la portería que no me miraba a los ojos. Salí caminando de la ciudad y ya no recuerdo cuánto tiempo caminé hasta que oí el klaxon de un coche. Cuando miré el coche, estaba el hombre hermoso que yo había conocido unas horas antes. Su sonrisa era tentadora y yo no resistí cuando él me invitó a entrar en su coche. Después, Guillermo me ofreció chocolates y esa es la última cosa que me acuerdo hasta que desperté al otro lugar, cercada de gente extraña, pero amigable. Hugo no estaba allá.
“Y entonces chica, estás mejor”?
¡No, yo no estaba enferma cuando entré en el coche de Hugo!
¡¿“Quiénes son ustedes”?! – pregunté nerviosa.
“Somos amigos de tus amigos. Somos familia. Somos como tú.”
¡¿Cómo yo?! !Que locos!
¡“Yo no los conozco y yo quiero saber de pronto cómo llegué aquí, qué hago aquí y dónde está el hombre que ha venido conmigo”!
Sin darme respuesta, una mujer me preguntó con una sonrisa si yo tenía algo para darle. Yo estaba demasiado cansada y quería salir de aquel lugar, pero me quedé en silencio, llena de dudas y de miedo.
Uno a uno los hombres y las mujeres me preguntaban si yo tenía algo para darles, siempre con una sonrisa en sus labios, pero incluso después que yo me acordé de la bolsita que La Bruja me había dado, yo me quedé silenciosa y cautelosa. Así que tuve una oportunidad, escapé de aquel lugar. No sabía dónde estaba ni cómo había llegado, pero yo tenía seguridad de que necesitaba escapar.
Cuando abrí la puerta, tuve una sorpresa desagradable: allí solamente existían estradas de tierra y no había casas alrededor del sitio donde me encontraba. Empecé a caminar y encontré a una mujer que escondía su cara con un paño grande y negro, como hacen las mujeres de medio oriente. Yo solo podía ver sus ojos y oír su voz.
¡“Buenos días, señora! ¿Puede decirme dónde estoy?”.
“Estás en Tierra de Fuego, chica. Estás donde deberías estar”.
Y de repente, antes que yo escapase de ella también, la mujer se sacó el paño y yo di un grito de pavor… ¡La mujer era yo…quiero decir…tenía mi cara pero era mucho más vieja que yo! Y no sonreía como los otros.
¡Entonces recordé las palabras de La Bruja y comprendí que aquella era la mujer que no soy yo pero que era yo! Y, como había dicho La Bruja, era la única que no tenía una sonrisa en su cara.
Sin pensar más o hablar nada yo le di la poción y en ese rato una multitud de personas rabiosas empezó a correr atrás de nosotras. Eran las mismas personas que unos minutos antes me sonreían. Pero ahora no sonrían más.
La mujer corrió deprisa y yo también. Y cuando parecía que todo estaba perdido, ella me sacó de la calle y nosotras entramos en una casita.
Dentro de allá estaba Hugo, pero yo jamás lo había visto tan serio y tan agobiado.
Yo pensé darle unas bofetadas, pero antes que yo hiciera eso la mujer me sujetó la mano y dijo:
“!Cálmate! Él no es nuestro enemigo. Es el hombre con quien tienes de casarte para que la maldición sea quebrada”.
A mí me gustó mucho aquella posibilidad, pero era un disparate.
“? Casarme con él? ¡Eso es tontería!”
Pero no era tontería. La mujer me explicó que yo pertenecía a una familia de brujas y que ella era la bruja que había puesto la maldición en Vientos Cortantes. La brujita que no había podido casarse era su hija y ella se había quedado loca después de los acontecimientos. El chico de quien ella estaba enamorada era Hugo, que no se había quedado más viejo por causa de la maldición.
Solamente una descendiente de brujas podría quebrar la maldición desde que se casara con Hugo.
Bueno… ?Qué puedo yo decirles? Está claro que me casé con Hugo y que juntos quebramos la maldición de Vientos Cortantes. Ahora, mismo un siglo atrasado, las personas pueden casarse y tener hijos y morir cuando llega la hora.
Era imposible no atender el pedido de mi gran, gran, gran abuela. Y, al final, yo gané un marido maravilloso, tengo dos brujitos lindos…quiero decir, dos hijos muy hermosos, y he conseguido cambiar el nombre de la ciudad para Vientos Suaves.
¿Qué te parece hacernos una visita? ¡Vamos, mira que puedes encontrar a tu príncipe azul o a tu Bella Durmiente!
¡Vente!

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